Y de repente entre todos los que habitaban la calle llena de colores opacos disfrazados de primavera resaltó una sonrisa de entre la multitud.
No era las mas blanca o perfecta era la más sincera, la seguí y la busque pero había mucha gente, tristemente no la encontré.
Caminaba entonces entre la calle del olvido y de la amargura intentando hacer el cruce para pasar a la calle de la esperanza y sentí tu aroma, ese que sólo emanan los que viven en libertad, fragancia que eleva los sentidos a su máxima expresión corrí a encontrarte.
Te vi con la mirada inquieta de un niño que busca el globo más perfecto y quede como estatua de medusa cuando encontré tus ojos esos que nunca imaginé pero que siempre espere.
Y dejamos de vernos a lo lejos, dejamos de buscarnos y caminamos al encuentro de nuestras almas, a mi mano temblorosa sobre tu mano sudorosa sin necesidad de presentarnos sabiendo que desde siempre nos habíamos amado.

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